El 28 de julio no es un día cualquiera en las capillas de Gaiman. Es la fecha en que se conmemora el desembarco galés en Chubut, y los templos se transforman en escenario de una celebración singular: un gran té compartido entre fieles y vecinos. Lejos de la solemnidad tradicional, en estos espacios de más de un siglo los niños juegan y las conversaciones fluyen en un ambiente familiar, testimonio vivo de una comunidad que forjó su identidad en la aridez patagónica.
Un legado de piedra y fe
El circuito incluye catorce capillas diseminadas en Gaiman y sus alrededores. Algunas, como la Salem, de 114 años, fueron también escuela y centro social. Otras, como la Seion metodista, erigida en 1888, se mantienen como pilares de la fe protestante galesa. La Bethel, la primera de la región (1880), hoy funciona como escuela dominical junto a su sucesora de 1911, donde el culto se celebra en castellano y, una vez al mes, en galés.
Memoria viva de los pioneros
La historia de esta colonia comenzó con la llegada del velero Mimosa al Golfo Nuevo. Familias enteras, huyendo de la opresión religiosa y lingüística en Gales, buscaron un “lugar remoto para empezar de cero”, como relatan los documentos de la época. Con el apoyo del gobierno nacional, se establecieron a orillas del río Chubut, dedicándose con tenacidad al cultivo de trigo y hortalizas.
“Eran gente trabajadora y gregaria. Aquí encontraron libertad de culto y, a pesar de las dificultades, prosperaron”, explica Fabio González Roberts, del Museo Histórico Regional, instalado en la antigua estación de tren. El nombre Gaiman, que en tehuelche significa “piedra de afilar”, alude al paisaje rocoso que encontraron los primeros colonos.
Tradiciones que perduran
El idioma galés, aunque decayó durante décadas, fue revitalizado a partir de los años 80 con la llegada de profesores desde Gales. Lo que nunca se apagó fue el sonido de los himnos, entonados no solo en los templos sino también en encuentros sociales, y la arraigada costumbre del té acompañado de tortas y pan con manteca y dulce de citrón, un melón silvestre típico de la zona.
Hoy, el término “galenso” ha perdido su antigua connotación despectiva y se asocia con orgullo a esta identidad cultural híbrida. Calles como Michael D. Jones o las antiguas *semi-detached houses* de piedra completan el paisaje de un pueblo donde el pasado dialoga constantemente con el presente, invitando a descubrir una página fundamental de la Patagonia argentina.
