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29 marzo, 2026

Pipi Piazzolla: el legado de Astor y el ritmo que nació en la tribuna

La decisión más importante de su vida la tomó en una hamburguesería del barrio de Las Cañitas. Daniel ‘Pipi’ Piazzolla, hoy consagrado baterista, había abandonado su primera clase de Marketing en la universidad. Frente a su padre y a su abuelo, el legendario Astor Piazzolla, confesó que ese no era su camino. La respuesta familiar fue contundente y se convirtió en un mandato: ‘Qué grande, pibe. Sé músico; sé pobre, pero sé feliz’.

El ritmo que llegó desde la cancha

Lejos de los conservatorios, el primer contacto de Pipi con la percusión tuvo un escenario inusual: la tribuna del estadio Monumental. Hincha ferviente de River Plate, comenzó a frecuentar el estadio en 1984. ‘En esa época, saliendo de la dictadura, no había murgas en la ciudad ni grupos en las plazas. El único lugar donde encontrabas esa energía rítmica era en la cancha’, recuerda. Desde la platea San Martín, se fascinó con el sonido ‘gutural’ y potente de los bombos con platillo de la murga de la hinchada. ‘Ahí fue que se me dio por copiar esos ritmos en mi casa, en todos lados’, confiesa.

Revisitar el legado con Escalandrum

Desde hace más de veinte años, Pipi lidera el sexteto Escalandrum, formación clave para reinterpretar y mantener vigente la obra de Astor Piazzolla. Para el músico, este proyecto es un puente entre la tradición y la contemporaneidad. ‘Uno está acostumbrado a escuchar la obra de mi abuelo y ver a los músicos en el escenario. Es un lenguaje que sigue vivo y que dialoga con nuevas generaciones’, explica.

La Piazzollamanía en la era actual

El baterista observa con satisfacción cómo la música de su abuelo atraviesa un nuevo momento de popularidad. Destaca el éxito del espectáculo ‘Astor, Piazzolla eterno’ en el Teatro Colón, que convocó a más de 70.000 personas, y la creciente apropiación de su obra por artistas de géneros urbanos. ‘Cómo está Piazzolla, ¿eh? A full’, celebra. Menciona como ejemplo la versión de ‘Yo soy María’ que la artista Cazzu presentó en el Movistar Arena, un gesto que, más allá de la recepción del público, demuestra la transversalidad del legado.

Superar el peso del apellido

Llevar el apellido Piazzolla no siempre fue fácil. Pipi relata un episodio traumático de su juventud, cuando a los 18 años fue a una prueba para una orquesta de música rioplatense. Al no poder descifrar una partitura orquestal sin ritmos escritos, el pianista lo increpó: ‘¿No te da vergüenza, siendo Piazzolla, ser un ladrón?’. ‘Casi dejo la música. Me fui muy mal’, admite. Fue el apoyo inquebrantable de su familia, incluyendo a su padre Daniel, quien hipotecó su casa para que estudiara en Los Ángeles, lo que le permitió superar ese golpe y forjar su propia identidad artística.

Hoy, Pipi Piazzolla divide su tiempo entre la enseñanza, los ensayos con Escalandrum y los domingos en el Monumental con su hija Mora. Desde allí, sigue escuchando con oído privilegiado los bombos que, décadas atrás, despertaron al músico que lleva dentro, confirmando que aquel consejo familiar, más que una sentencia, fue una profecía de felicidad cumplida.

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