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Resistencia
13 febrero, 2026

Ana María Stekelman, Julio Bocca y el Ballet del San Martín: la emoción de volver al pasado y de disfrutar el presente

Desde ayer jueves 12 y hasta el próximo domingo 15 el Ballet Contemporáneo del San Martín pone en escena un programa -una retrospectiva sería quizás el nombre más adecuado- consagrado a Ana María Stekelman, figura íntimamente ligada a esta compañía: fue integrante como bailarina del primer elenco creado por Oscar Araiz en 1968; dos veces directora del conjunto recreado en 1977; fundó y además dirigió durante varios años el prestigioso Taller de Danza del San Martín y contribuyó con varias obras al repertorio del Ballet Contemporáneo.

El nombre de este programa es Stekelman en tres tiempos y está justamente compuesto por tres piezas: dos obras completas – Bailando en la oscuridad y La consagración del tango– y un dúo relativamente breve, Romance del diablo.

Bailando en la oscuridad fue estrenada por el Ballet Contemporáneo en 1988. La consagración del tango, un encargo de Julio Bocca para el Ballet Argentino que entonces dirigía y del que era también intérprete, se estrenó en 1998. Romance del diablo, también para Bocca, en 2001.

Y ya volcados estos datos necesarios, podemos ir al corazón del asunto: lo nuevas, lo frescas y genuinamente sensibles que se ven hoy estas obras que han desafiado hermosamente el paso del tiempo.

Obras en presente continuo

La actual directora del Ballet Contemporáneo, Andrea Chinetti, junto con su codirector Diego Poblete, organizaron este programa por lo que las tres obras tenían en común: el tango pasado por el filtro de la danza contemporánea. O mejor dicho, los dos lenguajes sutilmente unidos sin perder cada uno su identidad; una cuestión para nada sencilla si lo pensamos bien.

Vayamos de adelante hacia atrás en el orden del programa y seguramente se entenderá más abajo por qué.

La consagración del tango teje sonoramente, gracias al trabajo en su momento del músico Edgardo Rudnitzky, la celebérrima Consagración de la primavera de Igor Stravinsky con varios temas de Astor Piazzolla. La banda sonora va nadando así entre esos dos mundos y del mismo modo se refleja en una coreografía muy imaginativa y bastante inesperada en la sucesión de escenas que no pretenden contar una historia.

Sin duda, hay una mayor presencia de la poderosa partitura de Stravinsky en La consagración del tango y la primera escena comienza con lo que parece un homenaje a Oscar Araiz y a su versión coreográfica, estrenada en 1966: una figura poderosa -esta vez el estupendo bailarín Vicente Manzoni– con una larga falda que cubre en parte los cuerpos de otros bailarines. El mismo Manzoni interpreta luego un dúo precioso con Camila Arechavaleta.

La reposición de la obra fue hecha por Andrea Chinetti, Melisa Buchelli y Diego Poblete para las secuencias contemporáneas y por Nora Robles y Pedro Calveyra para las secuencias de tango, un trabajo excelentemente logrado: el lenguaje de movimientos del tango no es tan fácilmente asimilable por muy formado que esté un bailarín en otras técnicas. También Robles y Calveyra colaboraron en este mismo sentido en Bailando en la oscuridad.

Romance del diablo, la más cercana en el tiempo, resume en su brevedad lo que Stekelman venía probando y llevando a la coreografía desde hacía al menos doce años: la sensualidad que el tango ofrece para los dúos amorosos sumada a las formas de la danza contemporánea.

Cecilia Figaredo repuso este dúo que tantas veces y tan bellamente interpretó con Julio Bocca. y que ahora se encarnó también bellamente en Lucía Bargados y Rubén Rodríguez.

Y finalmente, Bailando en la oscuridad, la primera obra en la que Ana María Stekelman va al encuentro del tango y que es totalmente perfecta, con la intensidad y a la vez la frágil delicadeza del filamento de las viejas bombillas de luz.

Bailando en la oscuridad es un Stekelman puro, por lo que puede conocerse o intuirse de su inclinación por la nostalgia, por su romanticismo bien entendido y por lo que tan bien muestra sobre la incertidumbre de las relaciones sentimentales.

¿Hay personajes en esta obra? Sí y no. No los hay en el sentido de que no sabemos nada de ellos: sí los hay por los modos en que se relacionan entre sí, por la ternura, el desconcierto, las indecisiones y otros tantos elementos misteriosos a través de los que se vinculan.

La construcción, es decir, los diseños espaciales, son admirables y no menos perfectos. Hermoso el vestuario original de Gioia Fiorentino, repuesto por Jorge Ferrari y Analía Morales. La reposición coreográfica fue de Miguel Angel Elías y Elizabeth Rodríguez que formaron parte del elenco original. No puede dejar de mencionarse el magnífico diseño de luces de Alberto Lemme, sobre un diseño original de Ernesto Diz.

Mucha, mucha gente ha colaborado en esta retrospectiva, a la vez nostálgica y nueva. Los aplausos en el saludo final fueron atronadores y se acentuaron cuando Julio Bocca subió al escenario para abrazar a la coreógrafa.

Por último, pero de ningún modo lo menos importante: el reconocimiento y la gran admiración que provoca el extraordinario Ballet del San Martín. Hacia esta gran compañía, ¡una gran reverencia!

Ficha

Stekelman en tres tiempos

Calificación: Excelente

Ballet Contemporáneo del San Martín Directores: Andrea Chunetti y Diego Poblete Programa: Bailando en la oscuridad, Romance del diablo y La consagración del tango Teatro: San Martín, Corrientes 1530 Funciones: viernes 13, sábado 14 y domingo 15 de febrero, a las 20.

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