La confirmación de brotes de influenza aviar altamente patógena (H5) en Uruguay y nuevos casos en aves comerciales en Argentina encendieron alertas sanitarias y comerciales en toda la región. La rápida propagación del virus, sumada a su cercanía con el principal polo avícola argentino, activó medidas de emergencia, restricciones al comercio exterior y un fuerte refuerzo de los controles epidemiológicos.
El gobierno uruguayo declaró la emergencia sanitaria nacional tras detectar el virus en aves domésticas y comerciales, una decisión que habilita acciones extraordinarias de control, sacrificio sanitario y vigilancia epidemiológica para contener la enfermedad. El brote se confirmó primero en aves silvestres y posteriormente en un establecimiento productivo, lo que elevó el nivel de riesgo para la cadena avícola regional.
Emergencia sanitaria y control en Uruguay
El Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesquería uruguayo dispuso la emergencia sanitaria para todo el territorio nacional con el objetivo de reforzar la bioseguridad, limitar movimientos de aves y productos avícolas, e intensificar la vigilancia en granjas y áreas periurbanas. La medida también permite movilizar recursos para la eliminación segura de animales infectados y la desinfección de instalaciones.
El pasaje del virus desde fauna silvestre hacia un gallinero comercial encendió las alarmas por su impacto potencial en la producción y el comercio. Este salto epidemiológico confirma que el virus circula activamente en el ambiente y aumenta el riesgo de diseminación entre establecimientos.
Casos en Argentina y suspensión de exportaciones
Argentina confirmó un segundo caso positivo en aves comerciales en la provincia de Buenos Aires, lo que obligó a aplicar el protocolo sanitario correspondiente: despoblamiento del establecimiento afectado, establecimiento de zonas de control y vigilancia, y restricciones al movimiento de aves y productos.
La reaparición del virus implica, además, consecuencias comerciales inmediatas. Según los protocolos internacionales, los países importadores suelen suspender temporalmente las compras de productos avícolas provenientes de regiones afectadas hasta que se restablezca el estatus sanitario. Esto impacta directamente en las exportaciones de carne aviar y subproductos, un rubro que genera divisas y empleo en distintas provincias.
Entre Ríos, en el centro de la preocupación
El foco detectado en Uruguay adquiere especial relevancia para Argentina por su proximidad con la provincia de Entre Ríos, donde se concentra el núcleo de la producción avícola nacional. La cercanía geográfica y el intenso movimiento logístico y comercial en la región aumentan la vulnerabilidad sanitaria.
Entre Ríos representa el corazón del sistema productivo avícola argentino: alberga la mayor parte de las granjas, plantas de faena y centros de procesamiento. Un brote en esa zona tendría consecuencias económicas severas, tanto por la pérdida directa de producción como por la paralización de exportaciones y las restricciones sanitarias internas.
Especialistas sanitarios advierten que las aves migratorias y los movimientos humanos y logísticos constituyen factores críticos en la propagación del virus. Por eso, el refuerzo de las medidas de bioseguridad en granjas como control de accesos, desinfección, confinamiento y vigilancia permanente se vuelve determinante para evitar contagios.
Impacto económico y riesgo comercial
El impacto comercial de la influenza aviar puede ser inmediato y profundo. La suspensión temporal de exportaciones, la caída de la producción y los costos derivados de las medidas de contención afectan a toda la cadena, desde productores hasta frigoríficos y logística.
Argentina es uno de los principales exportadores mundiales de carne aviar, con mercados clave en Asia, África y Medio Oriente. Cada interrupción sanitaria implica renegociaciones comerciales, pérdida de confianza y mayores exigencias sanitarias futuras.
En Uruguay, el brote también genera preocupación por la estabilidad del sector y la continuidad de los mercados internacionales. Las autoridades trabajan para demostrar control epidemiológico y recuperar rápidamente el estatus sanitario.
Vigilancia reforzada y prevención regional
La región del Cono Sur enfrenta un escenario de vigilancia intensiva frente a una enfermedad que ha demostrado capacidad de diseminación rápida y alto impacto económico. Los organismos sanitarios recomiendan a productores extremar medidas de bioseguridad y notificar de inmediato cualquier signo sospechoso.
El avance del virus en el Río de la Plata plantea un desafío compartido: contener el brote, proteger la producción y preservar los mercados internacionales. Para la avicultura argentina, especialmente en Entre Ríos, el foco detectado al otro lado del río es una advertencia que obliga a extremar precauciones para evitar un golpe sanitario y económico de gran escala.
Qué es la gripe aviar
La gripe aviar es una enfermedad viral altamente contagiosa que afecta a aves domésticas y silvestres, causada por virus de influenza tipo A. Las cepas de alta patogenicidad, como la H5, pueden provocar mortalidad masiva en granjas comerciales y obligan a aplicar medidas drásticas de control, entre ellas el sacrificio sanitario de las aves, la cuarentena de los establecimientos y la desinfección total de las instalaciones. Su propagación suele estar asociada al contacto con aves migratorias infectadas, al transporte de animales o a fallas en las medidas de bioseguridad.
Aunque el riesgo para la salud humana es bajo, el impacto productivo y económico es elevado. La detección del virus activa restricciones sanitarias inmediatas y puede derivar en el cierre de mercados internacionales, pérdidas millonarias y alteraciones en el abastecimiento. Por eso, la prevención, la vigilancia epidemiológica y el cumplimiento estricto de los protocolos sanitarios resultan esenciales para proteger la producción avícola y sostener la confianza comercial.
